Ella empezó todo esto

ByPaul Faz

Ella empezó todo esto

Enamorarse siempre para mi fue un desastre. De eso ya tengo experiencia desde hace años. Veintitrés para ser exacto. La primera vez ella vino a mi y me habló toda seriecita sobre quién sabe qué cosa. No sé que dijo pero a todo dije si. Mientras ella hablaba, yo me perdía entre los bordes de su rostro, sus oscuras cejas y esos labios pequeños, rosados, húmedos de niña pálida.

No he olvidado sus ojos. Los he reservado para este párrafo. Después de todo, su mirada de vampiresa destruyó al niño de once años que solía ser. Ella me miraba mientras me decía todas esas cosas que sonaban a bla, bla, bla y yo que ajá, si, claro y sin darme cuenta cómo sucedió, ella se volvió donde sus amigas y todo había acabado.

Para mí no.

Para mí, recién empezaba. Empezaba un plan inteligentemente pensado, maquinado con astucia, calibrado para todo tipo de situaciones adversas, modelado para enfrentar posibles objeciones y perfecto para conquistarla sin atenuantes.

Claro, primero tardaba algo de tiempo darme cuenta que estaba enamorándome de ella. Y me tomaba otro tanto plantear mi plan de ejecución de “A por ella” el cual casi siempre, como he dicho, quedaba listo un poco tarde. Entonces mi expectativa empezaba a parecer una tortura, un drama, una novela con muchos nudos y un desenlace que acababan en una canción.

Con el tiempo el nombre de ella, cambiaba. Ella, podía ser Chris, Flor, Tatiana, etc, según los años que pasaban.

Por eso logré hacer un álbum y ya voy por el segundo.

Todo empezaba en realidad así. El ser músico empezaba con enamorarme. Todo el mundo dice que para ellos, ser músico empieza con una guitarra de regalo, con un disco de algún artista que un día casi por accidente o predestinación escucharon, con haberse topado con una canción increíble, etc.

Para mí empezó con estar enamorado.

Porque luego de que mi expectativa fuese tan diferente a la realidad, me dejaba ganas de escribirlo o llorarlo quizá, con una canción.

Por eso no me satisface hacer covers. Creo que esa es la palabra. Insatisfacción. No tiene nada que ver con no gustarme. ¡Cómo no!. Si cuando subía a mi azotea con mi minicomponente en el momento del día en que el sol se hundía al fondo lanzando un grito de color naranja, le ponía play a i want to know what love is, y luego dejaba que Spandau Ballet suspirara True. Y yo quería sonar así.

Pero cuando una de ellas, y toda su historia moría, entonces ni Foreigner, ni The Korgis, ni Double, ni Gino Vanelli, eran suficientes. Tenía que decirlo con todo lo que saliera de mi corazón o alma o lo que sea que se use para vomitar sentimientos enfermos de desamor, de frustración, de desilusión… ¿Lo ven? ¿No es un desastre?

Con todo, estar así me hacía sentir vivo. Y es que a pesar de que cada historia acababa, aún tenía la esperanza de encontrar a ella. Esta vez, ella, no es cualquiera de las anteriores. Esta vez con “ella”, me refiero a la del “para siempre”.

Yo sé que puede sonar cursi. El “para siempre”. no es algo que todos crean. O más bien, creo que es algo que no todos quieren creer.

Es algo como cuando la selección de fútbol levantó un poco de polvo en el 2017 en Eliminatorias al mundial, cuando ganó algunos partidos y algunas ya avizoraban un probable buen horizonte. Allí muchos prefirieron no creer por temor a la desilusión tan frecuente.

Nadie quiere la desilusión. Lo dice un experto en desilusión. Puedo echar mis credenciales como experto:

  • Una ella fallecida antes de enviarle mi poema declaratorio.
  • Otra ella, que me dejaba plantado repetidas veces cuando la invitaba a mis ensayos de la banda y luego la vi con su flaco abrazada con la cabeza acurrucada en su hombro.
  • Otra ella, a la que esperé dos horas bajo la lluvia con un disco de música como regalo. Nunca apareció.
  • Otra ella, que me abandonó llevándose un anillo de compromiso que aceptó inicialmente.

No sé si eso me hace un experto ahora que lo pienso. Alguien puede echarme mejores credenciales. Supongo que si, pero eso me sirve para defender mi argumento.

Creo que la gente no cree en el “para siempre”, por temor a que no exista. Pues que crea en principio en algo tan genial para luego morir con esa idea destruida por una solitaria realidad, no debe ser algo fácil para la gente. Entonces es mejor no creer apriori y burlarse para reafirmar su posición como para estar blindado, de aquellos que si lo creen.

Como sea. Yo si lo creo, pero debe ser algo muy difícil de que te suceda, sobre todo cuando más lo deseas. Casi siempre esa decisión parece no ser de uno.

Por ello, en el verano del 2000 había decidido aprender a tocar guitarra de una vez por todas. No me interesaba ser un rockstar. No me interesaba ser una leyenda, no me interesaba grabar, ni siquiera aquella vez pensaba en componer una canción.

Mi único objetivo era llevar a cabo un nuevo plan de conquista. Ya saben. Inteligentemente pensado y todo lo demás.

Así que visualicé el momento. Cantaría con mi guitarra en una reunión de la academia. Ella, estaría viéndome y yo empezaría con algo como – esta canción se la dedico a… –  y entonces mientras ella escucharía la letra, admiraría mi desconocida habilidad hasta ese día y sentiría cada palabra de aquella canción que la canto con gran talento y entonces, algo dentro de ella cambiaría desde aquel día. Un sentimiento por mí, diferente la asaltaría y en su mirada, no cabría nada más que yo cantando en el centro de la reunión junto a mi guitarra perfectamente tocada y mi voz quedándose profundamente grabada en su mente. Esa noche no sólo pensaría en mí por esa canción y mi gran presentación, sino porque al final de la reunión, la habría besado apasionadamente como nadie.

¿Perfecto verdad?

Esa era la expectativa. Una gran expectativa. Quizá algo cierta después de todo.

 

 

 

About the author

Paul Faz administrator

Soy cantante, compositor y escritor de corazón. Soy un artista desde el vientre de mi madre. Detesto la idea de vivir haciendo covers y respeto mucho al artista que hace su propia obra. Amo el New Wave, el rock, la psicodelia, amo escribir, amo un buen café en la noche... y voy a ser música propia sin importar ganar millones. Con uno me conformo ;)

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