Bailando en la oscuridad de la avenida Dolores

ByPaul Faz

Bailando en la oscuridad de la avenida Dolores

Para ser honesto, escucho más veces una canción que muchas canciones una vez.

Supongo que se trata de algún tipo de fijación casi plástica con esa canción. Es casi la misma fijación cuando miro a una chica y descubro que me gusta. Me vuelvo adicto a ella. Pero claro, en cuestión de chicas pronto cambias, maduras, evolucionas, ya uno aprende a mirarlas con curiosidad y poca idealización.

Eso pone como conclusión que mi fijación por la música no ha evolucionado. Sigo escuchando una canción muchas veces cuando descubro que me gusta. Hay canciones que son un flechazo, un amor a primera vista y luego la busco una y otra vez, nos encerramos en una habitación y la gozo cerrando los ojos, otras veces se convierte en una compañía perfecta, parece entender todo lo que sientes y parece consolar toda desilusión y sin darme cuenta establecí una relación con ella.

Si digo Foreigner, la gente puede pensar que he escuchado sus álbumes. Si digo Gary Numan igual. Pero lo más probable es que haya tenido un relación con algunas de sus canciones mas no con sus álbumes.

El descubrimiento de más de un álbum en un artista, es un efecto colateral. Una canción lleva a la otra, pero no soy de obligarme a escuchar el álbum.

De hecho muchos álbumes famosos me aburrieron cuando intenté escucharlo de manera obligada sólo porque hubo una canción o un par que me gustara.

Esa parte plástica de la que hablé al inicio, es por que de verdad casi puedo oler la canción, sentir su textura, su color aunque en la gran mayoría de veces, todo ello, es parte de un escenario que se construye en mi mente.

Por ejemplo:

Hablaré de waiting for a girl like you

Cada vez que esa canción sonaba podía observar un tétrico bar con luces tenues en una calle solitaria a las dos de la mañana. Allí por alguna razón había una chica. De acuerdo. Convengamos que esa razón es porque siempre soy tan enamoradizo, pero sigamos.

Hay una fuente de luz de tungsteno cayendo sobre su cabellera oscura. Ella tiene un rostro delgado, su piel es pálida sus cejas suaves y sus labios pequeños pero robustos. Sus manos, son blancas y finas. La oscuridad de la noche sigue siendo imponente. Unas copas de vino blanco a medio servir, reflejan las ventanas del bar por las que se cuelan algunas luces de la calle como puntos diminutos.

No hay mucha gente. Algunos cuantos y masticando sus historias pero yo tengo una con esta chica. Hasta aquí, no veo que estemos juntos, sólo nos miramos. Pero de un momento a otro, no sé cómo pero nos encontramos compartiendo la mesa. ¿Será que soy tan bueno? No lo sé, pero veo sus muñecas delicadas por las que resbalan pulseras rojas y blancas. Ella me mira sonriendo. Yo la miro maravillado. Conversamos de cualquier cosa, sólo disfrutamos la noche.

Al final de todo, abandonamos el bar y empezamos caminando por la calle, hablando de amor. Este es un momento, en realidad, tenso. La voz de Lou Gramm empieza a aullar el coro y ese sintetizador explota otra vez lanzando esas notas como agujas. Nuestras miradas se encuentran fijamente, me acerco a sus labios y sin besarla le suplico que me diga si siente lo mismo. Ella no me contesta pero casi puedo saber su respuesta. Lo sé porque estamos en una habitación iluminada con cirios haciendo el amor tras una cortina transparente que hace que la luz caiga sobre nuestros cuerpos desnudos haciendo ver nuestra piel tan deseable, tan perfecta.

No. No la saque de una película romántica. La saqué de mi cabeza. Pero por alguna razón parece de película romántica. No lo sé. A lo mejor sin darme cuenta tomé cosas de alguna por allí. No suelo ver muchas pero al parecer lo de peliculero me viene de nacimiento. Así que, eso es lo que aparece en mi mente cuando suena Waiting for a girl like you. 

Es por eso que en el 2001 cuando había jugado mi última carta para que Sofía, me viera sobre un escenario, yo escuchaba Dancing in the Dark en mi walkman Aiwa. Y mientras regresaba caminando completamente solo por la Av. Dolores (menudo nombrecito para ese momento) disfrutaba la desilusión.

Era una mezcla de dolor perfecto. De ese que no te mata pero te hace sentir jodido.

Y mientras Bruce Springsteen me mostraba la ciudad de noche y me hacía sentir abandonado, me preguntaba cuál era la razón por la que Sofía me dejaba plantado una y otra vez.

Ya lo había hecho hace unos años en la academia, cuando había aprendido a tocar guitarra sólo para ella y al final acabé cantando para dos borrachos que me aplaudían moribundos de cerveza. Y de ella, ni rastro.

Así que me dije – no creo que vaya a faltar a un concierto en vivo en la avenida Dolores, Ahora tengo mi banda. Kanabis iba a sonar por primera vez en un campo abierto y yo iba a tocar la batería. Pero no hubo nada de eso. Sofía no fue, pero tampoco fue el vocalista y sin él, desistimos de tocar esa noche.

Unas semanas después, me encontré a Sofía por la calle. No pude ir – me dijo. Y fue amable. se disculpó. dijo que la universidad y que atender su negocio familiar no le daba tiempo. No te preocupes – le dije y me despedí de ella para siempre. De ella y del tipo al que abrazaba.

No fue la primera vez que me dejaban después de todo con un regalo en las manos. En el 2000, sufrí el peor abandono que se pueden imaginar. La verdad que te dejaran con la guitarra muchas veces, no era comparable a lo que sucedió ese año 2000.

 

About the author

Paul Faz administrator

Soy cantante, compositor y escritor de corazón. Soy un artista desde el vientre de mi madre. Detesto la idea de vivir haciendo covers y respeto mucho al artista que hace su propia obra. Amo el New Wave, el rock, la psicodelia, amo escribir, amo un buen café en la noche... y voy a ser música propia sin importar ganar millones. Con uno me conformo ;)

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